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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Retrospecter: Chronicle

[caption id="attachment_1006" align="alignleft" width="214"]Que conste que esto es un día soleado en Seattle Que conste que esto es un día soleado en Seattle[/caption]

Como comentaba en mi anterior entrada, nunca he sido un gran seguidor del mundillo de los súper-héroes. Llegué tarde al universo de los cómics, y aunque intenté con ahínco sumarme a la innumerable procesión de tebeos de DC o Marvel, me costaba tragar con los líos folletinescos entre superhombres y supermujeres, guiones delirantes y lisérgicos (nombradme un súper-héroe que no haya muerto y resucitado al menos una vez), spin-offs y crossovers, uniformes ridículos, y moralina Estadounidense.


Con la llegada de los efectos especiales de ordenador a cascoporro, hemos podido ver en los últimos diez años más películas sobre gente con mallas de colores que en todo el siglo anterior; sí, se llevan haciendo desde que hay cine, pero revisad el Batman de Tim Burton o la serie de Spiderman para televisión sin tratar de reíros, anda. Aunque, por otro lado, la reciente Los vengadores parece en ocasiones más un videojuego que una peli.


Me tropecé con Chronicle, estrenada el año pasado sin pena ni gloria, por pura casualidad; curiosamente, la usé con fines distintos al ocio puro y duro, ya que sabía que trataba sobre temas ligados a la adolescencia y al buen o mal uso del poder. Lo que me encontré me sorprendió muy gratamente: un acercamiento al mundo de los poderes sobrehumanos sin el filtro del cómic, una visión con vocación realista (bueno, todo lo realista que puede ser que un tipo pueda volar sin ayuda de un aparato) y que se centra en las consecuencias de poseer una capacidad que te separa por completo del resto de los humanos.


Sin entrar en el destripamiento puro y duro: tres chavales de instituto (uno de ellos, como no podía faltar en una peli Estadounidense, con problemas de acoso y autoestima) husmean en un bujero y encuentran más de lo que hubieran deseado nunca. Dotados de súper-poderes telequinéticos por arte de birlibirloque, descubren que sus capacidades sobrehumanas progresan a un ritmo endiablado, y que realmente el límite de lo que pueden llegar a hacer lo marca su propia moral (toma ya, qué profundo ha quedado).




[caption id="attachment_1009" align="alignright" width="300"]"Chico, qué tarde se me ha hecho, me voy volando" "Chico, qué tarde se me ha hecho, me voy volando"[/caption]

El director, Josh Trank, es un novatuelo total que escribió la historia en dúo con Max Landis, otro recién llegado al sarao cinematográfico. Eligieron un formato peculiar para contar su relato, pero ya para nada original (y que es de donde procede el título de la película, crónica): el falso documental. El protagonista del film es el supuesto artífice de la grabación de los hechos que se narran (aunque en ocasiones en las que es imposible justificar la presencia de su cámara se recurre a móviles que hay por ahí e incluso a una vídeobloguera), un muchacho, por decirlo finamente, bien jodido. No tengo nada que decir a favor o en contra a esta manera de filmar que puso en el candelero El proyecto de la bruja de Blair; en ocasiones resta y en otras suma. A veces parece forzada (¿qué pinta un chaval tímido, introvertido e inadaptado grabando a todo el que se le cruza?) y otras fluye con naturalidad. Aunque este recurso marca el título de la peli, sospecho que si se hubiera grabado de una forma más estándar el resultado hubiera sido similar. En fin, habrá que preguntar a Garci.


¿Qué hace que esta película sea especial? Cómo plasma, de forma muy realista y plausible, el cambio que podría sufrir una persona al detentar un poder que le aparta por completo del resto de sus congéneres. Cómo diferentes personas tomarían caminos distintos. Cómo sería imposible volver a llevar una vida normal. Cómo, por desgracia, el poder corrompe. Cómo narra un relato de superhombres sin recurrir a clichés, a disfraces de nailon, o a personajes bidimensionales buenisísimos o malisísimos.


Para ser justos, sí que hay precedentes en este pequeño nicho fílmico. Me vienen a la mente principalmente El protegido, la única película de Shyanmalan que me ha parecido mínimamente decente, aunque también podrían valer El cortador de césped o incluso la bastante infumable Jumper. Y si queréis que me ponga en plan indie, la francesa Un profeta muestra lo mismo pero sin súper-poderes ni tontás similares. Al fin y al cabo, los humanos hemos fantaseado desde siempre con este asunto (¿qué son personajes míticos como Hércules, Gilgamesh o Rama si no superhombres?)


Veredicto: Es a partes iguales teen movie, peli de acción, y estudio psicológico, en un solo paquete; casi hay algo para todo el mundo. Ah, y transcurre en Seattle, ese sitio alegre y dicharachero. Que van a desgastar Manhattan de tanto sacarla en películas, copón.


Las imágenes provienen de IMDB y de la página web oficial de la película

martes, 16 de abril de 2013

Retrospecter: They live

[caption id="" align="alignleft" width="191"] Os lo dije: no estábamos preparados para las gafas 3D[/caption]

Incluso estando claro que no somos la especie más agradable que se ha meneao por la biosfera terrestre (y ahí estoy con Lovecraft, seguro que antes o después viene alguien a reclamarla), a veces cuesta creer que seamos responsables de la sarta de atrocidades, barbaridades, tejemanejes, y guarreridas variadas que nos infligimos a nosotros mismos y a las demás criaturillas del planeta. Es por esto que nos agradan tanto las pelis y otro tipo de obras que nos quitan esa responsabilidad de encima y apuntan a terceros como auténticos titiriteros del cotarro.


Un obrerete de la construcción en paro (maldita crisis) se ve envuelto por arte de birlibirloque en un movimiento de liberación clandestino que ha descubierto un secretillo bastante preocupante... mira que le cuesta al hombre convencerse del tema y colaborar, pero cuando al fin y en plan Tomasino lo ve y lo sufre en sus propias carnes, su venganza será terrible. No por nada el prota es un tal Roddy Piper, a la sazón una estrella del wrestling que yo no tenía controlado (había demasiados para lo que los conociera a todos, incluso con el programa sabatino de tele hinco). El resto del reparto son una sarta de secundarios de la época, que básicamente están ahí para ser masacrados y soltar de vez en cuando líneas de diálogo demenciales.


Me recomendó esta curiosa cinta de 1988 un gran amigo, y entra de lleno en el arquetipo de film ochentero estadounidense de terror con mensaje subversivo. Es gracioso que el cine yanki fuera más interesante y rompedor hace ya casi treinta años; y no, no es nostalgia, a las pruebas me remito (repasad, repasad los estrenos del año pasado, por ejemplo). El director de esta entrañable peli es el desigual John Carpenter, con una carrera de unas décadas entre pecho y espalda. No sé si llegaron a tener un affaire, pero él y Kurt Russell filmaron algunas de las mejores películas de los ochenta, entre las que no podemos olvidar Rescate en Nueva York y La cosa. Este provecto abuelete también pergeñó la excepcional Asalto a la comisaría del distrito 13 y una ristra de otros filmes de diversa calidad y potabilidad. En todo caso, sus obras tienen un sello personal característico (un toque de mala baba y un deje de pesimismo innegable) y yo no he visto ninguna que me pareciera una ful de estambul por completo... ¿de cuantos directores se puede decir esto?




[caption id="" align="aligncenter" width="672"] Diseño que se baraja para el próximo billete de euro[/caption]

El concepto pop de los gobiernos en la sombra y las conspiraciones está fuertemente arraigado en el subconsciente colectivo, como bien nos muestra la ficción fílmica y escrita de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI (entre la que se encuentran los juegos de rol... ¿conocéis alguno que no contenga al menos un mínimo de grupos secretos que mueven los hilos?). La realidad ha demostrado que, efectivamente, nos gobiernan de manera encubierta, pero no las molonas organizaciones en plan Spectra, Templarios o la Trilateral, si no gente vieja, arrugada y Luis Bárcenas. Qué aburrida es la realidad.


Me gusta especialmente el punto en el que deja al espectador la película, muy al estilo Carpenter (os hacéis vosotros los deberes en casa, nada de finales facilitos y digeridos): se descubre el sarao, y a ojos de la hipnotizada masa humana queda patente la manipulación de la que hemos estado siendo objeto. ¿Sabéis qué? ¡Que esta película era premonitoria! ¡Es lo que ha pasado en este mismo país, no en los lejanos y exóticos Estados Unidos! Y no sé lo que ocurre al final en el divertido final de este muy recomendable film, pero sí lo que está pasando aquí. Es decir, nada.