¿Te gustó Aliens (aunque todos sabemos que no era la continuación de Alien) y ese Hicks que se duerme en una caída libre a cientos de kilómetros a la hora?
¿Te moló Starship troopers (mil veces mejor que su homónimo literario, que se toma demasiado en serio) y ese Rico que pasó de soldado raso a capitán en menos de lo que surge otro caso de corrupción?
Pues lo fliparás con 3:14, el juego de Gregor Hutton del que ya desvarié en otra entrada. He tenido la fortuna de jugar una partida y poder afirmar todo lo que dije hace casi un año: 3:14 es rápido, divertido y se ajusta como un guante a lo que pretende. Y además la edición de conBarba es una pasada. Para los que no hemos hecho la mili, debe ser lo más cercano a esa experiencia entrañable y formadora-del-carácter que dicen que es.
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¿Te gustaría emular las hazañas de los citados marines, pero tus colegas son unos sosos que solo juegan al d&d o uno de sus malignos clones? Bueno, al menos siempre queda el onanismo del rolero (no, no hablo de los librojuegos): la literatura. Entre otros muchos desvaríos durante la partida que nuestro paciente máster, el sin par bloguero critiKrator, tuvo que aguantar, es que saliera a colación la novela que procedo a DESTRIPAR sin ningún tipo de reparo.
Old man's war, que supongo estará en castellano (pero que para que se note que me fui de Erasmus a Inglaterra, la leí en inglés), es obra de John Scalzi, que según parece es famosillo por Redshirts, novela que no conocía. No es un autor muy prolífico en cuanto a novelas se refiere; va más por el rollo freelance para revistas y periódicos. Este libro es parte de una serie, pero como hago desde hace unos años con las de televisión, yo me limito a la primera entrega.
Si el leer y jugar a 3:16 me recordó a esta novela es por ciertas similitudes en el trasfondo: un futuro no demasiado lejano, un cuerpo militar espacial que se encarga diplomáticamente de los posibles rivales extraterrestres, un tono desenfadado y desmitificador del tema bélico. Curiosamente, juego y libro son coetáneos (2005), aunque dudo que hubiera polinización cruzada, ya que lógicamente ambas beben a tragos de Starship troopers, de Heinlein (Editado: vaya ida de olla, mira que achacarle este truño al pobre Herbert).
El giro principal en esta obra es que la gente que vive en el planeta Tierra no sabe realmente qué está pasando ahí fuera. Nadie puede abandonarla sin haber pasado antes por el servicio militar espacial, y nadie lo hace antes de jubilarse; de ahí el título. Este misterio tan misterioso se resuelve rápidamente, y cualquiera que esté un poco al tanto de la ci-fi de los últimos años se imagina cómo se resuelve el tener a una banda de yayos dándose de piños en gravedad cero y sin obras de construcción a las que mirar: la transferencia de la conciencia a un cuerpo nuevo. Pero no cualquier cuerpo, no; un pedazo de clon de uno mismo, alterado genéticamente para sintetizar energía mediante fotosíntesis (green is the new black), con sentidos incrementados (pupilas gatunas, ¿adivináis quién tiene gatos en casa?), y un asesor informático implantado que lo mismo te despierta que te calcula parábolas para un disparo de mortero.
Tras desvelarse la incógnita inicial, el relato nos conduce por una sucesión de escenarios de guerra con variopintos seres, la mayoría malos malísimos y que merecen ser exterminados por nosotros los humanos, que como todo el universo sabe somos seres equilibrados y adornados con miles de gracias. Me gusta en especial una de las especies más malotas, cuya principal maldad es comer humanos; luego además resultan ser unos listillos y unos aprovechados. Y unos chivatos.
La escritura de Scalzi es muy de bestseller, tanto en el buen como en el mal sentido del término; no se enreda con disquisiciones morales o éticas ni pretende adornar su discurso con exóticas figuras estilísticas. Por otro lado, echa mano de recursos facilones y lacrimógenos, aparte de algo que tendría que estar prohibido bajo pena de exilio a una luna de Marte: lo romántico en la ciencia-ficción.
El resultado de este cóctel de nitrógeno líquido es una historia divertida, desenfadada y que parece pedir a gritos su plasmación en una aventurilla rolera. De hecho, en ocasiones la novela me recordaba a alguno de esos títulos exclusivamente ideados para la chavalería que sigue religiosamente alguna que otra ambientación mazmorrera como Reinos olvidados, por cómo se articula toda la narración en torno a lo que nos cuenta el protagonista, y cómo detalla casi como lo haría un manual de rol los nuevos poderes adquiridos, la etología de las especies alienígenas y los combates en los que se enzarza. Y es que no todo tiene que ser Stanislaw Lem en la ci-fi, hombre.
Wikipedia me ha pedido que deje clarito que la foto de la portada del libro tiene copyright y eso, así que lo pongo
